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martes, 14 de febrero de 2012

MARIANO GONZÁLEZ ZARUR Y SU ODIO POR EL IET


 SALIVA Y PULQUE

ROBERTO NAVA FLORES

Hace un par de semanas, el contador Mariano González Zarur volvió a sorprender a propios y extraños con sus declaraciones, ahora trae entre ojos al Instituto Electoral de Tlaxcala.

En días pasados, el mandamás tlaxcalteca celebró el día de la Candelaria con los meros pesudos del rancho, al calor de los tragos de atole de arroz y champurrados bien cargados, el Excelentísimo, soltó la lengua al tenor de: al IET me lo quebro!!

Sabedor de los principios de la administración privada (más que de la pública) el Gobernador quiso hablar el idioma de los industriales. Ávido de respaldo y fuertes sumas de inversión, no dudo en seguirles la corriente, enarbolando los recortes hechos a la administración pública local; desaparición y/o fusión de dependencias, despidos masivos, recortes sustanciales a los salarios de la burocracia de a pie (la alta, ni se enteró) y un aumento casi indefinido en las jornadas laborales (pregunten a los epsilones de la PGJE).

Eficiencia y eficacia, panacea muchas veces mal interpretada en la cosa pública, fueron el ariete con el que don Mariano giño el ojo a los empresarios reunidos aquella mañana de tamales de verde, rajas y mole. Con una poco atinada percepción sobre la función de las entidades de gobierno, dicha declaración ha levantado todo tipo de opiniones. 

Miren que subir a la mesa, la desaparición de un organismo público y autónomo, como el que a nivel local se encarga de la organización, dirección, vigilancia y desarrollo de los procesos electorales y de consulta ciudadana, funciones constitucionalmente consideradas de carácter público y estatal, no es cosa que todos los días uno reflexione antes de plácidamente irse a dormir. 

Al titular del ejecutivo local, se le olvida que la creación del Instituto Electoral de Tlaxcala en 1994, no fue un capricho de su correligionario partidista José Antonio Álvarez Lima, surgió a consecuencia de los altos niveles de abstencionismo en la elección que resulto él mismo electo Gobernador, en noviembre de 1992, y las dificultades de designación de candidatos locales por su partido. Cabe mencionar en la reforma constitucional trajo como consecuencia la derogación de la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales del Estado de Tlaxcala, que estuvo vigente desde 1979 hasta 1994, año en que el Código Electoral del Estado de Tlaxcala.

Resulta pertinente destacar que entre los aspectos más relevantes de la reforma de aquel año, resaltan el incremento de 9 a 19 el número de distritos electorales locales; la homologación de las elecciones de Gobernador, Diputados locales, ayuntamientos y presidencias municipales auxiliares; La creación del entonces Tribunal Electoral de Tlaxcala; como ya se mencionó, el Instituto Electoral de Tlaxcala, como organismo autónomo  y “parcialmente” ciudadanizado, pues aun figuraban en su integración tres Consejeros Diputados y dos Consejeros de los Presidentes Municipales; y la calificación de la elección de Diputados locales por el Consejo General de Instituto.

Ahora bien, también hay que precisar que al Lic. Álvarez Lima, dichas reformas por él impulsadas, tampoco lo vuelven el paladín de la democracia tlaxcalteca, fue más bien  el reflejo de una inercia generada desde el ámbito federal, pues con la reforma electoral de 1989 – 1990, se creó el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, que suplió a la LOPPE, y se fundó el Instituto Federal Electoral, que remplazó a la Comisión Federal Electoral. La nueva institución electoral tuvo después dos modificaciones importantes: la de 1994, que introdujo a los consejeros ciudadanos, y la de 1996, que finalmente le dio autonomía.

En su sentencia a la problemática de obesidad burocrática del IET, el contador Mariano dejo ver dos posibles soluciones; la primera, echar a andar el proceso de reforma constitucional, mandando una iniciativa de reforma al legislativo, para básicamente borrar del texto de la Constitución el Capitulo I del Titulo VIII; la segunda, (en palabras de don Mariano) “firmar” un convenio con el Instituto Federal Electoral, para que este organice todo el show electoral y de esta forma (también palabras de don Mariano) no le cueste ni un centavo a las arcas del gobierno del estado.

Dichas soluciones parecen más bien alucinaciones. La primera de sus aseveraciones va en contra de lo establecido por las Constituciones tanto federal como local, pues en el caso de organismos públicos autónomos electorales, por decisión del Poder Revisor de la Constitución en 1990, ratificada en 1993, 1994 y 1996, la función estatal de organización de las elecciones federales se encomendó al organismo público autónomo denominado Instituto Federal Electoral, en tanto que atendiendo al resultado de la reforma de 1996 al artículo 116, fracción IV, inciso c), de la Constitución federal, así como a lo dispuesto en el artículo 95 de la Constitución local, el Instituto Electoral de Tlaxcala, al igual que los 30  institutos electorales de las demás entidades federativas y del Instituto Electoral del Distrito Federal, gozan de plena autonomía constitucional. Sirva de refuerzo a lo anterior lo sustentado por la tesis aislada S3EL 094/2002, emitida por el Pleno de la Sala Superior del Tribunal Electoral de la Federación.

Por lo que hace a la segunda propuesta de solución, no pasa de ser más que un buen chiste. Alguien con más buena intención que conociendo en la materia, le quiso vender al Sr. Gobernador, la idea de que firmando un “convenio” con el Instituto Federal electoral, el Estado de Tlaxcala iba a poder omitir cumplir con sus obligaciones enmarcadas en el Artículo 116 Constitucional (ya precisado) y, de paso ahorrarse una lanita.

Es muy cierto que la propia Constitución en el multicitado Artículo 116, fracción IV, inciso d), establece la posibilidad de que las autoridades electorales competentes de carácter administrativo (como el IET) puedan convenir con el Instituto Federal Electoral para que este se haga cargo de la organización de los procesos electorales locales. No obstante dicha disposición no debe entenderse como sujeta al capricho de los gobernantes de las entidades locales, pues es precisamente lo que dicho articulo pretende evitar al otorgarles “plena autonomía constitucional” a los organismos electorales locales.

La posibilidad de que “LAS AUTORIDADES ELECTORALES LOCALES” (no los titulares del Ejecutivo) puedan convenir con el Instituto Federal Electoral, para que este se asuma las encargado de la organización, dirección, vigilancia y desarrollo de los procesos electorales y de consulta ciudadana, solo se debe entender reservada para situaciones que justifiquen plenamente su incapacidad, por ejemplo, que no existan condiciones sociales y políticas para que el Instituto local garantice a plenitud el ejercicio de los derechos político electorales de los ciudadanos de votar y ser votado, así como que el  sufragio sea universal, libre, secreto y directo, funciones que son torales dentro del sistema político democrático y republicano.

Es decir el Legislador abrió la posibilidad de que el Instituto Federal suplante las funciones del la autoridad local en cuanto a la organización de las elecciones locales bajo las siguientes condiciones: Primero, que sea la propia autoridad administrativa electoral local quien solicite dicha intervención; Segundo, que dicho relevo solo se podrá requerir en casos extraordinarios que justifiquen plenamente que la autoridad local no cuenta con las condiciones formales y materiales para acatar su obligación constitucional.

Otro de los argumentos vertidos en contra del Instituto Electoral del Tlaxcala  y que trajeron a colación la posibilidad de su desaparición fue la presunta falta de actividades, pues en palabras de don Mariano González Zarur, el Instituto local “solamente se necesita seis meses cada tres años”, aduciendo con esto, que los integrantes del Pleno del Consejo General y demás empleados permanentes, se la pasan rascándose la panza 913 días ininterrumpidos.

Al respecto, habría que platicarle al gobernador que la Constitución local que señala que las elecciones de presidentes de comunidad se realizarán por el principio de sufragio universal, libre, directo y secreto cada tres años en procesos ordinarios y podrá realizarse también bajo la modalidad de usos y costumbres, siendo el Instituto Electoral de Tlaxcala quien estará encargado de la preparación, organización, desarrollo y vigilancia de las elecciones por usos y costumbres, brindando asistencia técnica, jurídica y logística, en la medida que lo requieran por escrito las comunidades. A demás de precisar que dichas elecciones por usos y costumbres no son concurrentes con las  demás elecciones constitucionales.

Lo anterior, sin mencionar que el Instituto Electoral de Tlaxcala, por mandato constitucional, también es el encargado de planear, desarrollar y realizar los demás métodos de participación ciudadana  consulta popular, referéndum y de plebiscito en el Estado.

En conclusión, la permanencia o desaparición del IET, más que una cuestión de carga meramente presupuestaria, debe analizarse a la luz de la autonomía y soberanía del estado Tlaxcalteca, pues cuando se necesita impulso y el fortalecimiento de las instituciones, surgen actitudes retrogradas que poco abonan al desarrollo y consolidación de las organismos públicos constitucionalmente autónomos.

En este orden de ideas, surgen de manera inevitable tres preguntas: 

·                    ¿Podrá el Titular del Ejecutivo local transgredir la autonomía de la autoridad administrativa electoral, tal y como lo hizo con la autoridad jurisdiccional electoral (el caso de la Sala Administrativa-Electoral, será abundado en otra colaboración en este mismo espacio)?

·               Cuando don Mariano medite su propuesta y esta sea presentada al poder reformador de la Constitución, ¿aguantaran los Diputados del Congreso local, más “cañonazos” de se siete cifras?

·                              Cómo se puede garantizar que el Instituto Electoral de Tlaxcala, actúe de ahora en adelante, con autonomía en su funcionamiento e independencia en sus decisiones, si hoy está poco menos que amenazado por la injerencia del poder ejecutivo, situación a todas luces va en contra del espíritu del constitucional.



martes, 10 de mayo de 2011

Peña Nieto y las candidaturas independientes


Leo Zuckermann

Si Enrique Peña Nieto no quiere la reforma política es porque considera que no le conviene a sus intereses. Supongo que hay varias medidas que le disgustan al gobernador mexiquense de lo aprobado por el Senado. Pero hay una en particular que es evidente que podría acarrearle riesgos en su carrera hacia Los Pinos y potencialmente como Presidente de la República. Me refiero a las candidaturas independientes.

Lo aprobado y lo que falta

El Senado aprobó una reforma al artículo 35 de la Constitución para permitir que no sólo los partidos puedan registrar a candidatos de elección popular. De tal suerte, los ciudadanos “de manera independiente”también estarían en la posibilidad de solicitar su registro siempre y cuando “cumplan con los requisitos, condiciones y términos que determine la legislación”.

Los senadores dejaron en la ley secundaria las reglas para que un ciudadano independiente de un partido pueda registrarse como candidato. En dichas normas estaría escondido el diablo. La legislación secundaria podría ser tan dura, con requisitos prácticamente imposibles de cumplir, como presentar las firmas de dos por ciento del padrón de electores apoyando el registro, que las candidaturas independientes se convertirían en un derecho más teórico que práctico.

Sin embargo, como quedó el texto aprobado por los senadores, turnado para su aprobación o rechazo en la Cámara de Diputados, sería posible que un ciudadano se inscribiera para competir por cualquier puesto de elección popular incluido el de Presidente de la República.

¿Para qué arriesgarse?

Y aquí vendría el primer cuestionamiento que podría hacerse Peña Nieto. ¿Para qué abrir esta posibilidad? Él va arriba en las encuestas rumbo a la Presidencia y supongo que no le hace nada de gracia que un candidato independiente, que podría tener cierto arrastre popular, apareciera de pronto en la contienda presidencial con el apoyo abierto o tácito de otros partidos cuyos candidatos no crecieran.

Peña Nieto puede llegar a Los Pinos con el voto duro del PRI y atrayendo a parte de los electores independientes. En este segmento estará la verdadera batalla de 2012 y lo que le conviene al PRI es que el PAN y la izquierda vayan divididos en la elección presidencial para que ésta no se polarice entre un candidato priista y uno antipriista. El PRI trataría de atraer a los votantes independientes tomando en cuenta, por un lado, el desgaste con el que llegaría el PAN a 2012 después de 12 años de gobernar y, por el otro, la mala imagen que tiene el que seguramente será el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, en este segmento del electorado.

No hay que ser ningún genio para ver que esta estrategia, con una buena campaña, apoyada por grupos de interés tan poderosos como las televisoras, podría llevar a Peña Nieto a Los Pinos. Entonces, ¿por qué en sus cinco sentidos el candidato favorito del PRI debería arriesgarse a abrir la posibilidad de que, de pronto, salga por ahí un candidato independiente que cambie las condiciones de esta estrategia que parece ganadora? ¿Para qué mover el escenario si está a todo dar para el PRI? No. Peña Nieto tiene incentivos para no abrir un nuevo flanco potencial que pueda significarle perder la elección de 2012.

Además está el “chaqueterismo”

Más aún, en términos políticos, las candidaturas independientes pueden acabar debilitando al PRI. Digamos, por ejemplo, que hay dos candidatos fuertes de este partido para ser gobernador de un estado. El partido inevitablemente tiene que decidirse por uno de ellos. El otro, que queda enojado, pues tiene dos opciones: disciplinarse o tomar la costosa decisión de renunciar a su partido e inscribirse como candidato de otro. Justo lo que pasó en 2010 con Mario López Valdez en Sinaloa o José Rosas Aispuro en Durango, y en 2011 con Ángel Aguirre.

A los priistas les choca este tipo de defecciones que coloquialmente conocen como “chaqueterismo” ya que el político en cuestión cambia de chaqueta partidista de un día para otro. En este sentido, lo que los priistas quieren es subirle los costos políticos a los que consideren que van a“chaquetear”. Pues bien, las candidaturas independientes harían exactamente lo contrario: bajarían los costos de irse del partido. El perdedor de la candidatura del PRI ya no tendría que derivar hacia el PAN o el PRD, con todo lo que ello implica en términos de imagen pública, sino que podría lanzarse como independiente, siempre y cuando, por supuesto, las reglas para el registro de este tipo de candidaturas fueran asequibles.

Las candidaturas independientes previsiblemente generarían una mayor salida de políticos del PRI desencantados por no haber sido los elegidos de su partido para representarlo en las urnas. En este sentido, incentivarían la indisciplina partidista. Y esto a los priistas, que son animales de partido, les choca. Sobre todo, supongo, al priista que cree que va a regresar a Los Pinos y necesitar gran disciplina de su partido para poder gobernar. Todo lo cual es una razón más para oponerse a las candidaturas independientes.

En conclusión

A Peña no parecen convenirle las candidaturas independientes aprobadas por el Senado y que están congeladas en la Cámara de Diputados. No importa que potencialmente oxigenaran la vida política del país. No importa que generaran una mayor competencia en un sistema oligopolista concentrado en tres partidos políticos. Eso es lo deseable para la democracia. Pero no para el gobernador del Estado de México que lo que quiere es ser Presidente.
 
Una columna de  Leo Zuckerman, para Excélsior.
 
 
Sobre el autor:
 
Leo Zuckermann Behar es un comentarista y académico mexicano. Estudió la licenciatura en administración pública en El Colegio de México y la maestría en políticas públicas en la Universidad de Oxford en Inglaterra. Cuenta con dos maestrías de la Universidad de Columbia en Nueva York donde es candidato a doctorado en ciencias políticas.

Trabajó para la Presidencia de la República en México y la empresa consultora McKinsey and Company. Fue secretario general del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) donde actualmente es profesor afiliado de la División de Estudios Políticos.

martes, 29 de marzo de 2011

La encrucijada mexiquense


Alberto Aziz Nassif

Sin duda la importancia estratégica del Estado de México ha centrado todas las miradas y las intenciones políticas. Como nunca antes este territorio se ha construido como la antesala de la sucesión presidencial, porque la clase política calcula que los resultados que se obtengan el próximo 3 de julio serán un buen termómetro para saber cómo viene el 2012. Pero no sólo se trata del mayor padrón electoral, más de 10.5 millones de ciudadanos, el 14% a nivel nacional, sino que ahora tiene al gobernador del PRI mejor posicionado en las encuestas de intención de voto rumbo a la sucesión presidencial. Para la oposición representa un bastión de gran valor estratégico, porque derrotar al PRI sería cambiar las coordenadas de la competencia del 2012. Pero como en cualquier gran batalla hay una encrucijada.

Mientras el PRI ha seguido un destape dentro de las viejas formas del tapado, y milimétricamente ha cuidado que no vaya a darse una ruptura, la oposición, sobre todo el PRD, no ha dejado de mostrar su división interna y sus desacuerdos. El tema más polémico del desacuerdo se da sobre la posible alianza con el PAN. Hay dos grupos completamente polarizados, los que han apoyado las alianzas desde el año pasado, estrategia que le redituó al PRD ganar en Oaxaca, Puebla y Sinaloa y quedar en posición muy competitiva en Durango, y los que están en opuestos de forma radical acualquier alianza con el PAN. Como en los viejos tiempos, el pleito de las izquierdas ha formado dos bloques en un abierto divorcio. Ya duermen en cuartos separados, pero nadie se ha atrevido a irse de la casa. La izquierda perredista está a un tris de partirse en dos, con todas las consecuencias negativas para su futuro inmediato. Para el panismo el caso del Estado de México le resulta menos dramático, porque no está en riesgo la unidad del partido, ni su futuro inmediato. Si va con la alianza se vuelve más competitivo, pero si va solo tampoco pierde mucho porque no tiene una candidatura fuerte.

Para la oposición hay una encrucijada. A principios de enero parecía que se había logrado una candidatura de consenso en torno a Alejandro Encinas, que tiene las mejores credenciales para competir por la gubernatura mexiquense. Sin embargo, el tamaño del adversario, que ahora sabemos que será Eruviel Ávila, ex alcalde de Ecatepec, el municipio más poblado del país, y la maquinaria de Peña Nieto, que tiene el mayor presupuesto gubernamental volcado a la campaña electoral, como lo pudimos ver en el video del Valle de Chalco, llevan a pensar que la única posibilidad de ganarle al PRI sería con una alianza con el PAN. Entre otras cosas, porque ese estado tiene dos bastiones de competencia electoral complementarios: en el norte la pugna es entre PAN y PRI y en el oriente es entre PRD y PRI, por eso una alianza los vuelve muy competitivos. La mejor carta de una alianza es Alejandro Encinas, que ya se registró como precandidato del PRD, pero el problema es que sólo está dispuesto a competir con una coalición con PT y Convergencia, pero no quiere ir con el PAN. ¿Quiere realmente Encinas ser gobernador?

Los argumentos y el razonamiento de los dos lados del conflicto perredista son: los que están a favor de una alianza consideran que la única forma de ganar es ir juntos, que se puede tener una plataforma de consenso en la mayor parte de los temas de gobierno y que un triunfo de la alianza modificaría completamente el escenario del 2012, porque una derrota de Peña Nieto en su propio estado lo debilitaría de forma importante. Los que no quieren la alianza, López Obrador y su grupo, simplemente dicen que no pueden ir con el partido que les robó la presidencia en 2006, que es el partido de un gobierno usurpador, que son sus adversarios y, además, consideran que pueden ganar solitos.

La consulta ciudadana que se realizó el domingo pasado deja un dato interesante: con el 85% de las mesas computadas el resultado por el sí a la alianza es de 76% y los que están en contra quedan en 19%. Este ejercicio fue muy positivo por su carácter ciudadano, por haberse realizado sin violencia, ni incidentes mayores y por haber dado un resultado muy claro. Con estos datos, el PAN y el PRD tendrán que decidir cómo llegarán a la contienda mexiquense. Cuando se tiene una encrucijada por delante, quizá lo mejor es hacer una estrategia de emergencia, es decir, en caso de que no se logré concretar la alianza, quizá la salida sería hacer algo similar a lo que sucedió en Guerrero, pero con un candidato de izquierda: que el panismo le baje el perfil a su candidato y se fortalezca a Encinas. Veremos cómo enfrentan la encrucijada el PAN y el PRD en los próximos días…

Artículo de Alberto Aziz Nassif para El Universal


Breve reseña del autor:

Alberto Aziz Nassif , profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.