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lunes, 18 de julio de 2011

AMLO + Calderón = Peña Nieto


Ricardo Raphael

Las cuerdas que sostienen el asiento del futuro candidato presidencial del PRI las cargan sus adversarios. La popularidad y la preferencia electoral no han sido sólo mérito suyo. Sus oponentes le han ayudado enormidades para colocarle donde está. Sobre todo dos de ellos han dedicado mucho tesón para impulsarle. Se trata de los feroces candidatos del 2006 que tanto tensaron y hasta fracturaron la política mexicana. Me refiero a Andrés Manuel López Obrador y a Felipe Calderón
Hinojosa.

Por su respectiva obsesión hacia el poder y su disposición a hacer y a decir cualquier cosa para obtenerlo, AMLO y Calderón contrastan con la imagen nada rijosa, mucho menos ideológica, de Enrique Peña Nieto. Es una figura atractiva para los mexicanos que se cansaron de tanta veleidad arrojada desde uno y otro extremo.

Felipe Calderón lastimó su honorabilidad cuando hizo campaña a partir de señalar a su oponente como un peligro para México. AMLO, de su lado, mutiló su investidura democrática cuando mandó al diablo las instituciones. Aquella epopeya entre estos dos personajes pareciera hoy muy lejana, pero todavía sirve para explicar por qué una buena parte de la sociedad mexicana perdió confianza con respecto a las oposiciones del PRI.

En 2006 fue cuando PAN y PRD demostraron que pueden ser partidos muy voraces e irresponsables, tanto como los peores gobiernos priístas. Es en este contexto que el tricolor y su gobernante en el Estado de México emergieron como opción atractiva. A diferencia de los contendientes del 2006, la imagen de Peña Nieto aparece bien acicalada, ordenada, triunfadora, sonriente, segura de sí misma. No es sólo que la televisión lance sobre él sus mejores y bien financiados reflectores, ocurre que cuando ésta lo hace captura un mensaje positivo.

Hay quien asegura que detrás de esa imagen no existe contenido. Que Peña Nieto no es un político con densidad, sino un artista perfecto para la época del cine mudo. Falta todavía tiempo para averiguarlo. Ya se valorará el año próximo si tales acusaciones están justificadas.

Pero antes de que esta exposición fatal suceda, AMLO y Calderón van a volver a jugar un papel relevante para fortalecer, o bien debilitar, la candidatura del gobernador mexiquense. Lo harán, no por lo que operen en contra suya, sino por la manera como conjugarán, de nuevo, sus muy agudas ambiciones.

No se necesita de la revelación astrológica para saber que la manera como se resuelvan las candidaturas presidenciales en el PAN y en el PRD terminará influyendo fuertemente hacia la competencia del 2012. Si uno o los dos partidos se equivocan en el procedimiento, el PRI podrá festejar por adelantado.

Con todo, tales procedimientos se miran aún muy accidentados. En el caso de la izquierda porque AMLO dice que no cree que una encuesta sirva para dirimir la candidatura entre él y Marcelo Ebrard, porque ya se atrevió a acusar que la mafia en el poder prefiere al jefe de gobierno como candidato del PRD, y porque la semana pasada confirmó que será candidato para uno (Convergencia), para dos (Convergencia-PT), o para tres partidos (Convergencia- PT-PRD), en los comicios de 2012.

En otras palabras, o Ebrard asume como un hecho consumado que AMLO será el candidato de la izquierda o esa fragmentaria fuerza electoral despegará dejando un ala en cada lado de la pista. De suceder así, en el PRI serán muy felices.

AMLO no es el único que trabaja para la candidatura de Peña. Felipe Calderón abona también en lo que puede a la tarea. Quizá frustrado porque no puede reelegirse, el Presidente no está dispuesto a permitir que en su partido surja un candidato presidencial ajeno a sus afectos.

Anda demasiado activo para cerrarle la puerta a Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel, quienes -según todas las encuestas- están a la cabeza entre los panistas. Con gran probabilidad Calderón usará su mayoría artificiosa en el Consejo Nacional de su partido, primero para evitar las primarias de militantes y adherentes y después para sacar adelante la candidatura de Ernesto Cordero.

Si el secretario de Hacienda fuese a estas alturas el preferido de los votantes panistas, los astros estarían alineados con la voluntad del Presidente. Pero dado que no es así, tal operación va a producir desánimo y división dentro del PAN. En magnitud podría generarse una fractura muy parecida a la que se vivirá dentro de la izquierda.

Dice el adagio popular que nadie sabe realmente para quién trabaja. En este caso el principio no se cumple. De seguir adelante con sus necias decisiones se confirmará que AMLO y Calderón, en toda conciencia, trabajan para el señor Peña Nieto.

Una columna de Ricardo Raphael de la Madrid, para El Universal.


Sobre el autor:


Ricardo Raphael de la Madrid es licenciado en derecho por la UNAM, Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible

más… http://www.eluniversal.com.mx/opinion/v3/e52.html

lunes, 4 de abril de 2011

¿Y Marcelo?


Ezra Shabot

Para una buena parte de la izquierda perredista, la figura de Marcelo Ebrard se perfila como una apuesta coherente y viable para la elección del 2012. La más reciente encuesta de EL UNIVERSAL lo sitúa en una posición ascendente, tanto en el reconocimiento que tiene por parte de los capitalinos, como en la visión que se tiene de él rumbo a la carrera presidencial. La jugada maestra de Ebrard dentro del PRD fue haber sostenido su liderazgo político a partir de las alianzas con otros partidos incluyendo el PAN. El triunfo de Ángel Heladio Aguirre Rivero en Guerrero fue la pieza fundamental que hacía de las alianzas el mecanismo idóneo para vencer al PRI y fortalecer la figura de Marcelo.

Ebrard mantuvo siempre la posición de que no sería él quien generara la ruptura con López Obrador, sino que confiaba en que su ejercicio de gobierno y el apoyo obtenido por parte de Nueva Izquierda, aunado a su patrocinio a los distintos proyectos aliancistas, le permitiría convencer a López Obrador de que su candidatura presidencial era más viable que la del tabasqueño. Sin embargo, la lectura que Marcelo ha hecho de López Obrador parece tener un error de fondo. AMLO no está dispuesto a negociar su candidatura rumbo al 2012 bajo ningún argumento racional. Es él y su circunstancia, y el resto del mundo se puede ir al diablo.

En esta lógica antirrupturista de Ebrard, se presentó el proceso sucesorio dentro del PRD. Marcelo contaba con la fuerza suficiente para aliarse con Los Chuchos y obtener la presidencia y secretaría general del partido. Sin embargo, en esta postura incluyente, el grupo marcelista optó una vez más por mantener el equilibrio catastrófico dentro del partido, asignando la presidencia a Zambrano y la secretaría general a Padierna. A partir de ese momento, Ebrard perdió el control del proceso de selección de candidato a la Presidencia de la República, y López Obrador se adueñó de una u otra forma de una buena parte del partido.

Tan fue así, que la propuesta de consulta a la ciudadanía en el Estado de México se vino por la borda desde el momento en que a pesar del sí masivo a la alianza, Encinas optó por lanzar su candidatura junto con PT y Convergencia, descartando al PAN. Lo que antes de la elección interna del PRD parecía una fuerza contundente en favor de la unión izquierda-derecha, terminó por convertirse en el discurso de la izquierda unida sin los panistas, lo que representa a todas luces la victoria de López Obrador sobre Marcelo Ebrard. Los marcelistas perdieron el poder y perdieron el partido.

El pasado miércoles, Ebrard realizó lo que se puede definir como la reafirmación de su intentona por ser candidato a través de un mitin en donde demostró la fuerza que aún mantiene. Marcelo intenta evitar a toda costa la ruptura con López Obrador hasta el momento de la definición de la candidatura presidencial perredista, y si para ello tiene que aceptar la cancelación de la alianza en el Estado de México, parece estar dispuesto a pagar ese precio. Su cálculo hoy parece equivocado, en el entendido de que López Obrador será candidato de PT y Convergencia, y con ello jalará al sector perredista que le es fiel. La idea de que AMLO acepte a Ebrard como candidato de las izquierdas se ve hoy imposible.

Además, algo que le queda claro a Marcelo y que López Obrador jamás considera, es el hecho de que una elección se gana sólo cuando se consigue aglutinar, en torno al candidato, un proyecto que aunque definido como de izquierda, incorpora gran parte del planteamiento centrista de las clases medias quienes hoy son determinantes en un eventual triunfo electoral. Ebrard se encuentra hoy en la disyuntiva de representar ese proyecto de centro-izquierda que podría tener posibilidades reales de competencia, o sumarse a la idea de AMLO de pelear por 16% del voto, y desde ahí construir la candidatura para el 2018. Marcelo tiene hoy la última palabra.

Columna de Ezra Shabot para El Universal

Texto integro http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/52263.html

Breve reseña del autor:

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Ezra Shabot Askenazi estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, obteniendo el título de Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública.

Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la Universidad Nacional Autónoma de México, editorialista del periódico Reforma y colaborador de la revista Ejecutivos de Finanzas, publicada por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, así como de la revista Poder y Negocios. También escribió sobre asuntos del Medio Oriente en el periódico El Nacional.