lunes, 4 de abril de 2011

¿Y Marcelo?


Ezra Shabot

Para una buena parte de la izquierda perredista, la figura de Marcelo Ebrard se perfila como una apuesta coherente y viable para la elección del 2012. La más reciente encuesta de EL UNIVERSAL lo sitúa en una posición ascendente, tanto en el reconocimiento que tiene por parte de los capitalinos, como en la visión que se tiene de él rumbo a la carrera presidencial. La jugada maestra de Ebrard dentro del PRD fue haber sostenido su liderazgo político a partir de las alianzas con otros partidos incluyendo el PAN. El triunfo de Ángel Heladio Aguirre Rivero en Guerrero fue la pieza fundamental que hacía de las alianzas el mecanismo idóneo para vencer al PRI y fortalecer la figura de Marcelo.

Ebrard mantuvo siempre la posición de que no sería él quien generara la ruptura con López Obrador, sino que confiaba en que su ejercicio de gobierno y el apoyo obtenido por parte de Nueva Izquierda, aunado a su patrocinio a los distintos proyectos aliancistas, le permitiría convencer a López Obrador de que su candidatura presidencial era más viable que la del tabasqueño. Sin embargo, la lectura que Marcelo ha hecho de López Obrador parece tener un error de fondo. AMLO no está dispuesto a negociar su candidatura rumbo al 2012 bajo ningún argumento racional. Es él y su circunstancia, y el resto del mundo se puede ir al diablo.

En esta lógica antirrupturista de Ebrard, se presentó el proceso sucesorio dentro del PRD. Marcelo contaba con la fuerza suficiente para aliarse con Los Chuchos y obtener la presidencia y secretaría general del partido. Sin embargo, en esta postura incluyente, el grupo marcelista optó una vez más por mantener el equilibrio catastrófico dentro del partido, asignando la presidencia a Zambrano y la secretaría general a Padierna. A partir de ese momento, Ebrard perdió el control del proceso de selección de candidato a la Presidencia de la República, y López Obrador se adueñó de una u otra forma de una buena parte del partido.

Tan fue así, que la propuesta de consulta a la ciudadanía en el Estado de México se vino por la borda desde el momento en que a pesar del sí masivo a la alianza, Encinas optó por lanzar su candidatura junto con PT y Convergencia, descartando al PAN. Lo que antes de la elección interna del PRD parecía una fuerza contundente en favor de la unión izquierda-derecha, terminó por convertirse en el discurso de la izquierda unida sin los panistas, lo que representa a todas luces la victoria de López Obrador sobre Marcelo Ebrard. Los marcelistas perdieron el poder y perdieron el partido.

El pasado miércoles, Ebrard realizó lo que se puede definir como la reafirmación de su intentona por ser candidato a través de un mitin en donde demostró la fuerza que aún mantiene. Marcelo intenta evitar a toda costa la ruptura con López Obrador hasta el momento de la definición de la candidatura presidencial perredista, y si para ello tiene que aceptar la cancelación de la alianza en el Estado de México, parece estar dispuesto a pagar ese precio. Su cálculo hoy parece equivocado, en el entendido de que López Obrador será candidato de PT y Convergencia, y con ello jalará al sector perredista que le es fiel. La idea de que AMLO acepte a Ebrard como candidato de las izquierdas se ve hoy imposible.

Además, algo que le queda claro a Marcelo y que López Obrador jamás considera, es el hecho de que una elección se gana sólo cuando se consigue aglutinar, en torno al candidato, un proyecto que aunque definido como de izquierda, incorpora gran parte del planteamiento centrista de las clases medias quienes hoy son determinantes en un eventual triunfo electoral. Ebrard se encuentra hoy en la disyuntiva de representar ese proyecto de centro-izquierda que podría tener posibilidades reales de competencia, o sumarse a la idea de AMLO de pelear por 16% del voto, y desde ahí construir la candidatura para el 2018. Marcelo tiene hoy la última palabra.

Columna de Ezra Shabot para El Universal

Texto integro http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/52263.html

Breve reseña del autor:

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Ezra Shabot Askenazi estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, obteniendo el título de Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública.

Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la Universidad Nacional Autónoma de México, editorialista del periódico Reforma y colaborador de la revista Ejecutivos de Finanzas, publicada por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, así como de la revista Poder y Negocios. También escribió sobre asuntos del Medio Oriente en el periódico El Nacional.

sábado, 2 de abril de 2011

Voces de la Democracia - Voto Electronico





Programa Voces de la Democracia - TV UNAM - Diciembre 2010 - Tema Voto Electrónico- Participación del Consejero del IEDF Fernando José Díaz Naranjo , Mtro. Rodolfo Romero Flores y Dr. Julio Téllez Valdés

martes, 29 de marzo de 2011

La encrucijada mexiquense


Alberto Aziz Nassif

Sin duda la importancia estratégica del Estado de México ha centrado todas las miradas y las intenciones políticas. Como nunca antes este territorio se ha construido como la antesala de la sucesión presidencial, porque la clase política calcula que los resultados que se obtengan el próximo 3 de julio serán un buen termómetro para saber cómo viene el 2012. Pero no sólo se trata del mayor padrón electoral, más de 10.5 millones de ciudadanos, el 14% a nivel nacional, sino que ahora tiene al gobernador del PRI mejor posicionado en las encuestas de intención de voto rumbo a la sucesión presidencial. Para la oposición representa un bastión de gran valor estratégico, porque derrotar al PRI sería cambiar las coordenadas de la competencia del 2012. Pero como en cualquier gran batalla hay una encrucijada.

Mientras el PRI ha seguido un destape dentro de las viejas formas del tapado, y milimétricamente ha cuidado que no vaya a darse una ruptura, la oposición, sobre todo el PRD, no ha dejado de mostrar su división interna y sus desacuerdos. El tema más polémico del desacuerdo se da sobre la posible alianza con el PAN. Hay dos grupos completamente polarizados, los que han apoyado las alianzas desde el año pasado, estrategia que le redituó al PRD ganar en Oaxaca, Puebla y Sinaloa y quedar en posición muy competitiva en Durango, y los que están en opuestos de forma radical acualquier alianza con el PAN. Como en los viejos tiempos, el pleito de las izquierdas ha formado dos bloques en un abierto divorcio. Ya duermen en cuartos separados, pero nadie se ha atrevido a irse de la casa. La izquierda perredista está a un tris de partirse en dos, con todas las consecuencias negativas para su futuro inmediato. Para el panismo el caso del Estado de México le resulta menos dramático, porque no está en riesgo la unidad del partido, ni su futuro inmediato. Si va con la alianza se vuelve más competitivo, pero si va solo tampoco pierde mucho porque no tiene una candidatura fuerte.

Para la oposición hay una encrucijada. A principios de enero parecía que se había logrado una candidatura de consenso en torno a Alejandro Encinas, que tiene las mejores credenciales para competir por la gubernatura mexiquense. Sin embargo, el tamaño del adversario, que ahora sabemos que será Eruviel Ávila, ex alcalde de Ecatepec, el municipio más poblado del país, y la maquinaria de Peña Nieto, que tiene el mayor presupuesto gubernamental volcado a la campaña electoral, como lo pudimos ver en el video del Valle de Chalco, llevan a pensar que la única posibilidad de ganarle al PRI sería con una alianza con el PAN. Entre otras cosas, porque ese estado tiene dos bastiones de competencia electoral complementarios: en el norte la pugna es entre PAN y PRI y en el oriente es entre PRD y PRI, por eso una alianza los vuelve muy competitivos. La mejor carta de una alianza es Alejandro Encinas, que ya se registró como precandidato del PRD, pero el problema es que sólo está dispuesto a competir con una coalición con PT y Convergencia, pero no quiere ir con el PAN. ¿Quiere realmente Encinas ser gobernador?

Los argumentos y el razonamiento de los dos lados del conflicto perredista son: los que están a favor de una alianza consideran que la única forma de ganar es ir juntos, que se puede tener una plataforma de consenso en la mayor parte de los temas de gobierno y que un triunfo de la alianza modificaría completamente el escenario del 2012, porque una derrota de Peña Nieto en su propio estado lo debilitaría de forma importante. Los que no quieren la alianza, López Obrador y su grupo, simplemente dicen que no pueden ir con el partido que les robó la presidencia en 2006, que es el partido de un gobierno usurpador, que son sus adversarios y, además, consideran que pueden ganar solitos.

La consulta ciudadana que se realizó el domingo pasado deja un dato interesante: con el 85% de las mesas computadas el resultado por el sí a la alianza es de 76% y los que están en contra quedan en 19%. Este ejercicio fue muy positivo por su carácter ciudadano, por haberse realizado sin violencia, ni incidentes mayores y por haber dado un resultado muy claro. Con estos datos, el PAN y el PRD tendrán que decidir cómo llegarán a la contienda mexiquense. Cuando se tiene una encrucijada por delante, quizá lo mejor es hacer una estrategia de emergencia, es decir, en caso de que no se logré concretar la alianza, quizá la salida sería hacer algo similar a lo que sucedió en Guerrero, pero con un candidato de izquierda: que el panismo le baje el perfil a su candidato y se fortalezca a Encinas. Veremos cómo enfrentan la encrucijada el PAN y el PRD en los próximos días…

Artículo de Alberto Aziz Nassif para El Universal


Breve reseña del autor:

Alberto Aziz Nassif , profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.